Juan Manuel Bermúdez es nuestro personaje del mes

Juan Manuel es exalumno de la promoción 2001 y apasionado por la industria del deporte. Actualmente vive en Nueva York, donde hace un año fundó su propia compañía Wit Sports Consulting enfocada en el crecimiento estratégico y continuo de compañías de deporte recreacional y de formación. Él hace un recuento de su historia y comparte su perspectiva del deporte como detonador en la formación de comunidad y como un vehículo para la equidad. Esta es su historia:

¿Qué ha hecho desde que se graduó del Colegio?

La respuesta corta: He crecido a nivel personal, profesional y espiritual, aprendiendo a conocerme, a detectar fortalezas y debilidades propias y a responsabilizarme por cada decisión y acción en mi vida. He vivido lo necesario (lo bueno, lo malo, lo doloroso, lo dulce, lo amargo) para estar donde estoy en el presente y seguir mejorando en el objetivo de disfrutar de cada momento.

La respuesta larga: Desde que me gradué del colegio en 2001 siento que el tiempo ha volado y he planeado y cambiado los planes múltiples veces. Siempre con el objetivo de entrar en la industria del deporte grabado en mi mente. Entre 2001 y 2006, estudié Ingeniería Industrial en los Andes. Disfruté mucho la carrera en general, las electivas, los viajes en ese tiempo, los trabajos temporales, el fútbol en diferentes ligas, equipos y torneos y el aprendizaje de la vida en general. Entre cosas que hice en ese tiempo me acordaré siempre de las clases de fútbol que daba al sobrino de mi amiga Helena Dávila y sus amigos en Santa Ana, que luego me llevó a crear en alianza con el Colegio el primer campo de fútbol para preescolar. Luego estuve un par de veces en el programa de Work Experience USA en trabajos que nunca pensé que tendría y con experiencias de humildad y esfuerzo que me marcaron. Con esas experiencias logré viajar y conocer más la cultura de Estados Unidos, adonde sabía desde el colegio que quería venir a aprender de la industria del deporte. Eso también me abrió más ganas de viajar y conocer otros lugares y culturas.

En 2005, con un plan mucho más definido para lo que vendría después y con el apoyo de mis papás todo indicaba que mi sueño de venir a hacer la maestría en 2006 se haría realidad. Hasta el tema de la tesis que me habían aprobado estaba asociado con el modelo financiero de valoración de futbolistas y equipos de fútbol. Sin embargo, esos planes cambiaron, al inicio de noveno semestre, con el fallecimiento de mi papá. Esto, aunque difícil e inesperado, vino acompañado de muchas lecciones y momentos claves en mi formación, así como en el desarrollo de otras amistades que marcaron mi vida. Al otro día de su muerte me vi sentado en su escritorio tratando de entender cómo lograr entender rápido su fábrica de lazos (en la que nunca había trabajado y de la que entendía en general pero no me apasionaba) y empezando una nueva etapa de aprendizaje. Fue mi primera experiencia en emprendimiento a pesar de la carga emocional y la falta de preparación real para asumirla y disfrutarla. No fue el inicio profesional que recomendaría a nadie, pero sin duda una forma de aprender a punta de más errores que aciertos. Hoy todavía me encuentro a veces identificando lecciones de esa época y hasta reevaluando los éxitos y fracasos de esos 3 años y medio difíciles pero forjadores.

A finales de 2008 me encontré con la posibilidad y energía para replantear el resto de mi vida y de retomar mi sueño de la industria del deporte. Sin plata y con una necesidad identificada de aprender de otros y de acercarme a líderes con experiencia, pude darme el lujo de buscar trabajo escogiendo mi empleador mientras seguía en la fábrica. Así se presentó en mi camino PSL (hoy Perficient Latin America), compañía de software que hoy considero mi más formativa experiencia laboral. A PSL entré sin tener ni idea de la industria de tecnología y con la idea de aprender un poco acerca de software y ahorrar plata un par de años para aplicar a la maestría de deportes en NYU. Me terminé quedando casi 7 años creciendo con PSL y aprendiendo de negocios, de la vida y, especialmente, del verdadero liderazgo empresarial que viene de hacer el trabajo completo, bien hecho y con los principios y valores siempre claros. De PSL me llevé todas las lecciones y el buen ejemplo, las mejores prácticas, los procesos, la metodología, pero sobre todo, el poner la vida y las personas siempre como la máxima prioridad. PSL me dio la confianza para emprender el paso a seguir mi sueño en la industria del deporte.

En 2015 empecé el más reciente capítulo de mi vida al venirnos, mi esposa y yo, a Nueva York a materializar la intención de cumplir sueños. Entre 2016 y 2017 completé la maestría en Sports Business en New York University, la única universidad a la que apliqué pues desde siempre sabía que sería en NY y en NYU. A medida que fui avanzando en la maestría, fui descubriendo que mis intereses y ambiciones en la industria no eran los mismos que tenía desde el colegio y la universidad. Muy rápido vi que estaba más interesado en la parte no profesional del deporte, donde veía que el mercado era más grande y más apasionante. Claro el deporte profesional es sexy y lo que lo llama a uno a la industria, pero tal vez por lo vivido, ya eso me descrestaba menos. En NYU aprendí de esta industria fascinante, del mercado de NY y de las oportunidades que hay alrededor. En ese tiempo dedicado a mí y mis sueños disfruté cada instante, cada materia estudiando ligas, equipos, estadios, patrocinios, contratos de derechos de televisión, historia y cultura alrededor del negocio del deporte. Fui viendo que todo lo que hice en la universidad, en la fábrica de mi papá y en PSL, era la clave para encontrar los puentes entre la industria que tanto me apasiona y lo que yo podría aportar. En esos 2 años trabajé eventos deportivos como la final de la Copa América Centenario y la Maratón de Nueva York (un par de años después correría mis primeras 2 maratones de NY), hice internships no pagos (nunca pensé que haría eso), todo con el objetivo de encontrarme en esta industria y lo que se requiere para empezar de abajo en otro país. En 2017 le aposté a una compañía pequeña con potencial, NYC Sports, a la que ayudé a triplicarse en ventas y definir, implementar y ejecutar un plan de crecimiento continuo. A NYC Sports lo recibí siendo una compañía informal de ligas recreacionales de básquetbol para adultos, y lo dejé con 5 verticales de negocio y un baseline de procesos y prácticas para seguir creciendo.

Finalmente en junio de 2020, en medio del comienzo de COVID19 en Nueva York (aca epicentro del fin del mundo), decidí lanzarme a montar Wit Sports Consulting. Lo hice con miedo por la incertidumbre, pero con mucho optimismo por la convicción de saber finalmente donde puedo aportar más a esta industria. Llevo un año validando hipótesis, armando el framework y balanceando el tiempo entre proyectos/clientes y planeación de lo que es y lo que será Wit Sports Consulting. Hoy Wit Sports Consulting es todo y es nada a la vez, pero cada día es un poco más de lo que fue el día anterior. Gozo de la fortuna de tener una mentora excepcional a quien tuve de profesora en NYU. Me enfoco en el crecimiento estratégico y continuo de compañías de deporte recreacional y de formación tanto de niños como adultos, aplicando metodologías ágiles. Cada proyecto es un mundo distinto y apasionante. Más que eso, el backlog de prioridades de Wit Sports Consulting es amplio y en la intersección de cada proyecto con la tecnología y los avances de otras industrias hay un mundo de oportunidades que no veo la hora de empezar a ejecutar.

En su firma Wit Sports Consulting el deporte es visto como un medio para el crecimiento socio-económico tanto a nivel individual como colectivo. Pienso que, al ver la industria deportiva, el tema económico es más evidente que el social. Háblenos un poco sobre su perspectiva de cómo el deporte genera crecimiento social.

Sin duda el deporte profesional ha crecido mucho a nivel de salarios y circulación de dinero y da pie para debatir sobre lo desproporcionado que ese crecimiento puede ser. Pero esto es una fracción muy pequeña de lo que es el deporte en su totalidad. Yo no estoy de acuerdo con que el tema económico sea más evidente que el social en la industria del deporte. En números absolutos hay más eventos deportivos y personas participando en actividades deportivas fuera de esa burbuja del deporte profesional. Eso, de entrada, ya es una plataforma de desarrollo social y me atrevería a decir que una de las más grandes que existen. En el deporte es bueno separar los temas y analizar por separado el deporte profesional del no profesional. Sin el deporte no profesional, de entrada, no habría deporte profesional. Y si miramos los deportistas profesionales no son más de 0.1% de la población de potenciales deportistas profesionales si contamos a todos los niños y adultos que en algún nivel practican algún deporte.

Para empezar, el deporte es un detonador de formación de comunidad. El deporte genera interacción humana, alegría, hábitos saludables, camaradería, orgullo, pasión, entre muchas otras cosas. Especialmente en países desiguales como el nuestro, donde el acceso al capital y las oportunidades de educación son escasas para muchos, el deporte puede y debe ser un vehículo igualador. A través del deporte se enseña y se aprenden conceptos como el trabajo en equipo, disciplina, solidaridad y sacrificio, en ocasiones más fácilmente que en las aulas de clase. No digo que una cosa reemplace la otra, pero ante la falta de aulas, el deporte puede ser un motor para levantar comunidades deprimidas o potencializar comunidades estables. De hecho, lo es en muchos lugares y hay casos que muestran con datos esta realidad, tales como la Fundación Fútbol Con Corazón. Organización colombiana, con una aproximación fascinante que les ha permitido entrar a otros países, incluido Estados Unidos para educar a través del fútbol como alternativa para poblaciones en conflicto. Como esta hay otras en Colombia y muchas más en el mundo. Pero incluso no hay que tener ese nivel e impacto excepcional para ser parte del crecimiento socioeconómico en el deporte. ¿Cuántas escuelas de fútbol hay en Colombia? ¿1000, 5000, 10,000? Más allá de si son con o sin ánimo de lucro, de entrada, ya están teniendo un impacto social. La pregunta que yo haría es si el impacto social es el mejor que pueden tener o si con otras herramientas y mejores prácticas se puede maximizar y lograr una mejor sostenibilidad socioeconómica. Mi hipótesis es que sí hay espacio para hacer más. El hueco está en que la mayoría de los operadores de estas organizaciones no tienen una formación estratégica de negocio y el mundo se va moviendo más rápido de lo que estos héroes de las comunidades se logran adaptar. Ahí es donde organizaciones como Wit Sports Consulting pueden entrar a ayudar.

En la vida diaria, es fácil ver el efecto del deporte en la alegría de las personas, en la interacción social y en la motivación. El deporte paraliza sociedades y empresas. Solo en las semanas pasadas, con Copa América, Eurocopa, Wimbledon y Tour de Francia, ¿cuánto disminuyó la productividad de las compañías? En medio de protestas, guerras, crisis económicas, el deporte es uno de los pocos acontecimientos que brindan una pausa al sufrimiento y a la crisis a cambio de un rato de alegría y de la posibilidad de soñar, de unir.

¿En qué cree usted que se diferencia la industria deportiva de otros sectores?

La industria deportiva se diferencia únicamente en que el centro de su desarrollo son actividades deportivas. Eso es clave porque es un imán para los que somos apasionados por el deporte. Ojo, eso no significa que porque me gusta el deporte voy a tener éxito en esta industria. Diría que ese pensamiento y mal entendimiento de lo que es la industria es en parte lo que hace que haya tantas ineficiencias en la misma. Muchas personas que estudian Sports Business llegan convencidas de que hacer parte de la industria es ver partidos de fútbol e ir a estadios todos los fines de semana y que le paguen por eso. Para algunos pocos seguramente lo es, pero la parte de negocio no es distinta de ninguna otra industria y es donde se requiere mucha disciplina y trabajo para crecer. Como industria, el deporte requiere lo mismo que cualquier otra: modelos de negocio, ventas, contabilidad, procesos, herramientas tecnológicas, mercadeo, análisis financiero, capacitación, entre otros. Es esto lo que lleva al retraso de la industria del deporte frente a industrias más tradicionales. Es a la vez donde está la oportunidad para ayudar a llenar ese vacío y aplicar las lecciones aprendidas en esas industrias más avanzadas y exitosas.

Ahora, quien logra trabajar en la industria del deporte, si además es aficionado del deporte, hace todo esto que se hace en cualquier otra industria seguramente con un nivel de satisfacción mucho más alto y hasta con un salario emocional que puede llegar a desbancar prioridades económicas. Al final, la vida es corta y es más rico vivir haciendo algo apasionante que algo estresante. El deporte, para quienes somos apasionados, brinda esa posibilidad de crear y vivir de algo que con lo que uno se relaciona y que se centra en ofrecer experiencias que transforman vidas y generan alegría.

Wit Sports está cumpliendo un año desde que la fundó ¿Cómo ha sido esa experiencia de emprender en USA y qué consejo le daría a los exalumnos que quieren hacer lo mismo?

Así es, el tiempo va volando y, emprendiendo, pienso que se siente que va más rápido porque nunca se alcanza a hacer todo lo que uno quisiera. Pienso que emprender en EEUU no es muy distinto a hacerlo en Colombia. Si algo, creo que es más fácil en cuanto a la parte administrativa, registro, etc. Casi que todo se hace en línea. Lo difícil y que no es para todo el mundo es emprender en sí. Eso es a la vez lo más positivo de la experiencia. Empieza con el sueño de lo que se quiere lograr y la visualización de ese sueño. Luego es cuestión de definir metas y objetivos y acto seguido dedicarse incansablemente a ejecutar, pivotear, aprender y cumplir sin olvidarse nunca de ese sueño inicial aun cuando los objetivos cambien o el terreno se ponga difícil.

La vida es corta e impredecible y nadie va a hacer por uno lo que uno quiere hacer. El momento en el que uno decide perseguir sus sueños, es el momento en el que uno decide vivir la vida en sus términos. Eso trae experiencias felices y dolorosas, pero la clave está siempre en ser consciente de que todo esto que trae es parte del proceso y del camino. Es lo que al final más se debe disfrutar, es el presente. En mi tiempo en NY dejé el fútbol para correr y empecé a correr maratones (llevo 2 y este año corro mi 3ra). No corro para ser el más rápido ni para vencer a nadie más en la carrera. Corro porque me gusta el proceso. No es para todo el mundo. Es un poco aprender a encontrarle el gusto al dolor y sufrimiento y, cuando se logra esto, esos momentos difíciles son cada vez menores pues uno empieza a disfrutarlos. Cada proceso de preparación es distinto y los objetivos cada año varían. El día de la carrera es el más feliz independientemente de si se cumplen las metas trazadas, por el simple hecho de haber vivido todo el proceso conscientemente. Emprender es muy similar. Cada vez creo más en el paralelo entre correr y la vida misma. Lo mismo se puede plantear con cualquier deporte, o vocación en su defecto.

A exalumnos que quieren hacer lo mismo les aconsejo preguntarse por qué no lo están haciendo o qué están esperando para lanzarse. Ese es un buen punto de partida. Feliz de conectar y compartir experiencias con el que esté interesado en el tema.

En el Colegio usted estaba en equipos de básquet, fútbol, voleibol… ¿Qué tanto esta experiencia incidió en sus elecciones profesionales?

Sí, en el Colegio estuve en todos los equipos y sin duda esa experiencia fue clave no solo en mis elecciones profesionales sino en la vida en general. Desde el colegio sabía que quería estudiar la industria del deporte, vivir del deporte y aportar a la sociedad desde el deporte. Exactamente qué hacer ahí se fue definiendo con las experiencias que viví en el camino y todavía van cambiando algunas ideas.

También desde esa experiencia de equipos en el Colegio, tales como jugar los distritales de fútbol en 5to o la SaludCoop de básquet, fui crítico de la corrupción y desigualdad de oportunidades en el deporte y me interesé por entender más el modelo de negocio detrás de la industria. Me encontré con una fuerte desconexión entre mi buena experiencia como deportista y fanático del deporte y la realidad de las injusticias detrás de cámaras. Cuando recién graduado del colegio el entrenador de mi equipo de clubes, Guillo Villarreal, me dijo que Mario Vanemerak quería que yo fuera a probar con Millonarios, supe que eso no era lo que yo quería. De hecho, tuve una idea adicional a la sensación de desigualdad en el deporte, donde me molestaba que ser deportista en Colombia fuera algo reservado solo para quien no tiene otra oportunidad en la vida. En la sociedad en la que crecimos, decirle a nuestros papás o abuelos que uno iba a ser futbolista era mal visto (todavía lo es en general, pero menos que antes). Parte de mi sueño desde entonces se convirtió en alcanzar a vivir en un mundo en donde decidir ser futbolista o basquetbolista es igual de respetable que ser economista, ingeniero o médico. Para eso hay todavía mucho trabajo por delante y va de la mano de limpiar muchas malas prácticas e ineficiencias que permiten el abuso por parte de unos pocos.

Todo esto siempre fue determinante en querer buscar el camino para entrar en esta industria.

¿El trabajo que usted hace en NY tiene espacio en Colombia? ¿Ha pensado en crear una sede o sucursal acá?

Tiene mucho espacio. Todo el tiempo estoy tratando de conectar puntos para ayudar a crecer/construir a través del deporte en Colombia. Sin duda mucho de lo que ha sido exitoso acá en NY y EEUU tiene aplicación en Colombia en cierta medida. Tengo muchas ideas y proyectos en los que sé que Wit Sports Consulting puede liderar y aportar. Por ahora tengo mucho por validar y probar acá en Estados Unidos pero me veo en el futuro entre los dos países ayudando a la industria del deporte en Colombia como motor de crecimiento. Todo a su debido tiempo.

Jornada Atlética en el estadio el Campín en 1997 con: Daniela Martínez, Fernando Ferro, Daniel Mazuera, Daniel Bernal, Alejandro Gómez, Pablo Atuesta, Juan Manuel Bermúdez, Nicolás Felipe Ardila y Alejandro Palacios.

Preguntas rápidas

¿Cuál es su palabra favorita?

Vivir

Cuál es la que menos le gusta?

Demasiado

¿Cuál es el sonido que más recuerda del Colegio?

Los buses pitando a punto de irse después de los partidos de Uncoli de básket y uno apenas cambiándose en el camerino.

¿Cuál es el olor que más recuerda del Colegio?

Los lockers y el corredor en semestralizado con el olor acumulado del semestre de las medias y guayos de fútbol (Esa combinación entre lo desagradable y el honor detrás de lo sudado en el semestre).

Andrés López, Andrés García y Juan Manuel Bermúdez.

 

Rafa Muller y Mireia Fornaguera

¿Cuál fue su materia favorita?

Matemáticas, Historia y todas las Literaturas

¿Cuál era su lugar preferido en el Colegio?

Cancha de fútbol y el gimnasio

¿Quiénes eran sus mejores amig@s?

Los mismos de hoy. Cuando nos vemos/hablamos retomamos donde dejamos sin importar el tiempo y la vida que ha pasado.

Andrés García, Pablo Atuesta y Juan Manuel Bermúdez.

¿Podría decirnos una cosa que haya aprendido en el Colegio y que pone en práctica en su día a día?

Ser responsable de mis propias decisiones, actos y opiniones.

¿Hay algo que le hubiera gustado aprender en ese tiempo y no tuvo la oportunidad?

Mindfulness, meditación, manejo de emociones.

¿A quién le gustaría ver como personaje del mes?

Helena Dávila, Andrea Umaña, Mariana Sarmiento, emprendedoras y seres humanos ejemplares.