Ana e Inés Rueda son nuestros personajes del mes

 

Estas dos hermanas de las promociones 2016 (Ana) y 2018 (Inés) nos presentan LANG LEVEN, un proyecto que facilita la recirculación de ropa usada en perfecto estado y nos invita a ser más concientes como consumidores. Ellas nos narran cómo ha sido su experiencia desde noviembre del 2020 cuando empezaron este proyecto en Instagram @lang.leven y hablan de los que podrían ser sus siguiente pasos.

¿Qué han hecho desde que se graduaron del Colegio?

Ana: Apenas me gradué del Colegio me fui a vivir a Madrid a estudiar Relaciones Internacionales. Estuve allá los cuatro años que duró mi carrera y cuando me gradué me devolví a Bogotá. Mi primera experiencia laboral fue en el Colegio los Nogales como profesora asistente de Preescolar, después hice una pasantía en la Misión de Apoyo al Proceso de Paz de la Organización de Estados Americanos y ahorita voy a empezar a trabajar en la oficina de Bogotá de la IE University.

Inés: Desde que me gradué del colegio he estado estudiando Antropología y Arte en la Universidad de Los Andes.

¿Qué experiencias o reflexiones han tenido ustedes a nivel personal que las hicieron pensar en un negocio que promueve activamente el ser consumidores conscientes y responsables?

En general, por nuestra crianza, formación académica y personalidad, a ambas nos concierne y nos importa mucho la sostenibilidad y la protección de los derechos y la dignidad humana. Además, las dos disfrutamos la moda y no quisiéramos que la sostenibilidad nos impidiera hacerlo, ni a nosotras ni a nadie. Y, específicamente, la idea de Lang Leven surgió porque el año pasado Ana encontró un artículo del diario The Guardian que contaba que la mayoría de las empresas de ropa más grandes del mundo son cómplices del trabajo forzado y la violación de derechos a los que se han visto sometidos millones de musulmanes Uigur en el occidente de China. El artículo nos conmovió mucho y nos llevó a pensar en cómo nosotras podríamos contribuir a que estas grandes marcas replanteen sus modelos y cambien sus prácticas.

Pensamos que la clave está en que los consumidores cambien sus hábitos y su manera de ver la moda y que, de esa manera, sean ellas las que les exijan a las marcas que sean responsables con sus empleados y con el planeta. Para esto se necesita que existan alternativas a las tiendas tradicionales que sean lo suficientemente atractivas y competitivas para que poco a poco los consumidores migren hacia estas y pongan a las tradicionales a prueba. Hemos notado que en Colombia han surgido una cantidad de marcas de ropa sostenible pero, debido a que producir ropa de manera responsable suele implicar mayores costos, muchas de ellas son muy caras. Además, así la ropa se haga de manera responsable esto igual implica un gasto energético y de recursos importante. En este marco, pensamos que una excelente forma de contribuir a este problema era promoviendo y facilitando la recirculación de ropa que, además de ser sostenible, es muy accesible. Parte de nuestra misión es que comprar ropa de manera responsable no sea un lujo que pocos se puedan dar.

¿Qué nos pueden decir del impacto ecológico del mundo de la moda en el planeta?

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. Las marcas más populares a nivel mundial operan bajo la lógica del fast-fashion: la ropa está hecha para ser usada por periodos de tiempo muy cortos porque la calidad no suele ser muy buena y las modas pasan muy rápido. En este escenario, la compra de nueva ropa y el desecho de la que ya no se usa es demasiado frecuente. Además, para lograr precios bajos se recurre a prácticas irresponsables tanto laboral como ecológicamente: muchas veces la mano de obra es mal pagada, las condiciones de trabajo son denigrantes y tanto la fabricación como el desecho de la ropa es altamente contaminante e implica un gasto de recursos naturales proporcional a la excesiva cantidad de ropa que se produce.

¿Cómo funciona su negocio?

Las personas nos contactan para darnos ropa que ya no quieran usar. Una vez la recibimos, hacemos una selección de las prendas que nos interesa vender teniendo en cuenta su estado y estilo. Publicamos fotos de la ropa en nuestra cuenta de Instagram, la lavamos y cuando se vende le damos una parte de las ganancias al dueño original de la prenda. La ropa que no escogemos para vender, la donamos. También recibimos donaciones y tenemos un sistema en el que cambiamos la ropa por puntos redimibles en nuestra tienda. Normalmente publicamos seis prendas a la semana.

¡Las fotos que ponen de cada prenda son muy buenas! ¿Quién las asesora en el tema de fotografía?

Inés ha estudiado fotografía y arte entonces ella es la que se encarga de ese tema.

¿Qué han aprendido después de casi un año de estar funcionando?

Hemos aprendido que es un negocio difícil porque hay muchas variables que no controlamos. Como nosotras no diseñamos la ropa y nuestro stock depende completamente de lo que recibimos, nos hemos dado cuenta de que definitivamente hay muchas prendas por las cuales ya nadie está dispuesto a pagar. Afortunadamente, estas siempre se pueden donar.

Más allá del funcionamiento del negocio, Lang Leven nos ha enseñado a ser consumidoras de moda mucho más responsables. Hemos aprendido a escoger prendas atemporales que nos imaginemos usando con mucha felicidad durante un buen rato. Hemos visto que algunas prendas tienen un momento de estrellato en la moda y que muchas veces son estas mismas las que, una vez pasada la moda, ya nadie quiere usar. Las tendencias populares a veces nos distraen de pensar en nuestro estilo propio y esto hace que estemos cambiando de ropa mucho más de lo necesario.

¿Cuáles son los siguientes pasos de Lang Leven?

Nos gustaría, eventualmente, vender la ropa en espacios no virtuales temporales. También soñamos con juntarnos con artistas y diseñadores para intervenir la ropa para que vuelva a cobrar vida y vigencia. Queremos seguir ampliando nuestro público y, ojalá, contribuir al crecimiento del modelo de venta de ropa de segunda mano.

Preguntas rápidas

¿Cuál es su palabra favorita?

A: Aire

I: Cuando

¿Cuál es la que menos les gusta?

A: Neceser

I: Procedimiento

¿Cuál es el sonido que más recuerdan del Colegio?

A: El chiflido de Gilberto

I: La campana de Preescolar

¿Cuál es el olor que más recuerdan del Colegio?

A: El del pan espichado

I: Pasto cortado

¿El profesor/a que más recuerdan?

A: William Rodríguez

I: William Cruz y Santiago Vázquez

¿Cuál fue su materia favorita?

A: Sociales, especialmente Current Events

I: Español

¿Cuál era su lugar preferido en el Colegio?

A: El pasto entre la cafetería y el edificio de semestralizado

I: El centro de artes

¿Quiénes eran sus mejores amig@s?

A: Mariana Noguera, Helena Pradilla, Antonia Echeverría, María José Gómez, Mariana Afanador y Sofía Varón

I: Isabela Cárdenas, Mariana Sánchez, Esteban Arboleda y Catalina Valencia. Aunque éramos muchos más muy amigos

¿Podrían decirnos una cosa que haya aprendido en el Colegio y que pone en práctica en tu día a día?

A: La importancia del servicio a los demás

I: El valor del esfuerzo y la posibilidad de que convivan el rigor y la creatividad

¿Hay algo que les hubiera gustado aprender en ese tiempo y no tuvieron la oportunidad?

A: Francés

I: Alguna electiva o algo así de historia de la ciencia. Creo que le haría muy bien una clase así a un colegio con una formación científica tan fuerte. Me parece importante y apasionante

¿A quién les gustaría ver como personaje del mes?

A: No sé.

I: Valentina Sáchica.

Archivo fotográfico – Biblioteca Colegio Los Nogales ©